Si la corrupción administrativa es criminal y genocida – porque
distrae recursos públicos que evitarían muertes en los hospitales o en
las viviendas vulnerables derribadas- la compra de opinión pública es la
gran maldición que, con categoría de plaga egipcia, puede caer sobre
una sociedad.
Este crimen es peor cuando se ejecuta en contra de un conglomerado
social sepultado en la ignorancia, sin capacidad de discernimiento,
deslumbrado por los “totems o los cuerpos gloriosos” de hoy (como diría
Paco Umbral) que la televisión nos vende como paradigmas.
Ya señalaba E.W Stevens: “La fuerza de una opinión general es
irresistible. El que la crea la domina, el que no sabe crearla debe
someterse a ella”. La opinión pública comprada legitima lo ilegítimo,
salta por encima de las leyes y las instituciones, se adueña del sentido
común y convierte una mentira en verdad irrefutable.
Según la concepción de Charles Dudley Warner, la opinión pública es
más fuerte que el poder legislativo y casi tan fuerte como los diez
mandamientos.
Estos filibusteros, que han descubierto un vellicino de oro en la
cámara, la pluma o el micrófono prostituidos, colonizan también las
redes sociales con una amplia base de asnos adoradores siguiéndoles,
gente de espíritu pequeño y esencialmente ágrafa.
Mentir y distorsionar concientemente –hasta con histrionismo teatrero
de mala muerte- es su industria y la asumen con devoción, aunque
faciliten el blanqueo de capitales, el abuso de poder, el tráfico de
influencia, la prevaricación y el saqueo de fondos públicos.
Estos farsantes, apóstoles del engaño y la diatriba, pudieran, con
cada fajo de billetes que reciben, empujar al país hacia décadas atrás,
tiempos perdidos e irrecuperables, creando un sumidero social, donde por
cada peso de la cadena de robos que auspician se afila un cuchillo que
pudiera ser para su propia garganta. Es que la corrupción agranda la
brecha social y la desigualdad se expresa en las calles con sangre y
fuego, una espiral que puede tocar a esos mismos hacedores de opinión
pública pagada.
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